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El Himno Gallego

Himno gallego

 

Os pinos

(Himno Galego)

¿Que din os rumorosos
na costa verdecente,
ao raio transparente
do prácido luar?
¿Que din as altas copas
de escuro arume arpado
co seu ben compasado
monótono fungar?
"Do teu verdor cinguido
e de benignos astros,
confín dos verdes castros
e valeroso chan,
non des a esquecemento
da inxuria o rudo encono;
desperta do teu sono,
fogar de Breogán.
"Os bos e xenerosos
a nosa voz entenden,
e con arroubo atenden
o noso rouco son,
mais soo os iñorantes,
e féridos e duros,
imbéciles e escuros
non os entenden, non.
"Os tempos son chegados
dos bardos das edades,
que as vosas vaguedades
cumprido fin terán;
pois, donde quer, xigante
a nosa voz pregoa
a redenzón da boa
nazón de Breogán

Eduardo Pondal:
"Queixumes dos pinos

 
     

Desde mediados del siglo XIX, nuestra lengua, en la que en la Edad Media habían escrito incluso los reyes, vuelve a ser utilizada en la escritura por los mejores autores de Galicia. Fueron los más significativos Rosalía de Castro, Manuel Curros y Eduardo Pondal.

Eduardo PondalPondal, el autor de la letra que adoptó nuestro himno, cavilaba en las glorias y grandezas de la Galicia del pasado, y determinó darnos memoria de ellas para que los gallegos del futuro nos sirvieran de espejo. En su libro de versos ?Lamentos de los pendientes? pujo a hablar a los pinos de temas tan vitales que nos afectan a los gallegos de cualquier tiempo. Estos árboles le hablaban al poeta ? y nos hablan a nudos- de nuestra historia y de nuestro porvenir, de libertad y de esperanza, de los pueblos y personas que son vecinos nuestros y del respeto e intención que guardan para nuestro país y nuestras cosas?

Pondal soñaba una Galicia grande y digna y agachaba el propósito de que así mismos sus hijos la sintieran. Conocía por dentro tan bien nuestra tierra que les dio voz a los pinos, desde siempre tan nuestros, como se de buenos gallegos se tratara. Los rumorosos, que así les llama a los pendientes, nos hablan en la hora del prácido luar; en esa paz silenciosa, sus agujas (el oscuro arume arpado) se van convirtiendo en arpas musicales dobladas polo viento. Y el pinar entero murmura una conversación en tres tiempos diferentes, cuanto más va con más aliento.

En efecto, el Hogar de Breogán (Galicia) permanece durmiendo hay muchos siglos. En su sueño, perdió de sí la conciencia y se puso a hablar con voz ajena y también a respirar en otra cultura y en otras cosas que no son sus propias. Y porque sufre una injuria que la llena de vergüenza, Galicia (el Hogar de Breogán) tiene que despriguizarse del lo son que la mata y tiene que revirarse contra los que la maltratan.

Mas este despertar de Galicia ?nos lo dice Pondal en los lamentos de los pinos- no es entendido ni atendido aún por las naciones vecinas, y ni siquiera por todos los gallegos, pues sólo atienden y entienden los buenos y generosos, los que respetan a los pueblos como son, los que permiten que una comunidad sea dueña de sí y afirme y ame el propio.

Ben nos enteramos que las personas, cuanto más ignorantes y ruíns sean ellas, menos entenderán también las libertades y el derecho que otros pueblos y personas tienen para ser dueños de sí mismos. Quieren unificar, en su desprecio e intolerancia, lo que la misma naturaleza fijo libre y diverso. Los pinos que Pondal hace hablar les llaman la estos hombres intransigentes y perseguidores, imbéciles y oscuros.

Las palabras que entonamos en nuestro propio himno nos anuncian que el tiempo de las verdades llegó a nudos en la voz de los bardos celtas, en la del bardo Pondal y en la de los poetas gallegos del presente y del futuro. Esta voz, que es memoria del pueblo, va a acabar con el lo son y las vaguedades a que la noche de la historia nos tuvo encadenados. Como gritos de afirmación o como liras, se yerguen así los pinares de Ponteceso, en nombre y representación de Galicia, para pregonar al viento a redención y libertad de la nación de Breogán.

Galicia tuvo la suerte de saber escoger para la letra de su himno un excelso poema que acierta en transmitirnos cómo pocos la Pascual Veigamemoria de la historia, de nuestra propia historia. Pero el himno gallego es un acierto pleno asimismo en la música, en esta ocasión debida a Pascual Veiga.

De hecho, un poema ya es por sí una música. Se recitamos en voz alta los versos de Eduardo Pondal, iremos notando que, a la par del que ellos dicen, son un enjambre de sonoridades y acentos musicales: las sílabas fuertes se reparten con las débiles de un modo regular, rítmico y armónico. Reparad en Galicia?

Como pocas otras tierras, Galicia está envuelta en la musicalidade, en el ritmo y en la armonía. En ella están casi siempre bien marcadas las estaciones del año, como se fueran andaduras musicales diferenciadas nos sus cuatro tiempos: verde, amarillo, acastañado y blanco. Las nevadas invernizas que observamos en las sierras son como un caldeirón o pausa musical en el ajetreo de las aldeas y de las villas. El zunido de los pinares, de las carballeiras y soutos, de las bidueiras, freixos y capudres es un ostinato suave y permanente en las tierras del país. La eixada que incluso hace poco manejaban los labradores cavando el monte para coger pan vendría siendo el golpe seco y rústico de un bombo. Nuestros zoqueiros pandeiretearon en la madera gallega del ameneiro o del bido con la gracia y con la belleza de un ballet de chinelas de petar agudo, como para ser movidas en el escenario. Y los pratillazos de la música gallega bien poiden escucharse en los muelles, en las rocas y en los cons, donde la espumante agua se deshace con sus sonidos apagados y perdidos?

Cada mañana al mencer, Galicia abrolla en música. A cuyo objeto un hombre de los privilegiados, de los buenos y generosos, compuso su Alborada. Pero no le abondaba a Pascual Veiga esta expresión. No quería captar sólo la musicalidade del amanecer. En su atento paso por la historia, quiso dejarnos un compendio de Galicia hecha son, sensibilidad y fermosura, inteligencia y pueblo. Y compuso para el poema de Pondal ?Os Pinos? una partitura con notas manseliñas de ríos y arroyos, de lagos y lagunas, y notas más barís de una agua brava que no es menos nuestra: de los turbións y de las cascadas, de los pinchos y tronadas, del mar fiero y pestifle. Cogió sonidos suaviños, casemente inaudibles, del chaparrón, de la niebla y de la orballada. El viento que metió en el fuelle de las gaitas ora se asemeja a nuestro bris de los montes y de las rías, ora al xistral que agujerea fino y engorde por las llanas. Fijo de los palitroques del tambor explotar de chispas en los lares y en las tólas. Las xostradas del sol en el lomo de marineros y labradores son los pandeiros adj> marcando la música del trabajo de la gente.

Todo debía estar y está representado en la música del himno, de manera que instrumentos muy diversos, conxuntados, puedan Sartego - Galicia_Digitalejecutarlo. Y la colectividad de los gallegos, y los coros que lo cantan, son a cuyo objeto incluso también pluralidad. Las voces se junta cada dos o cuatro, entre altas y bajas, bien combinadas en un xuntoiro de instrumentos e individuos, es decir, de gallegos, que pretenden reconstruir al unísono la hermosa unidad de Galicia.

Incluso estando representada Galicia por cualquiera de los tres símbolos que venimos presentando, es seguramente el himno (por la significación de su poema y por la riqueza y variedad musical) lo más solemne y excelso de ellos y lo que más reclama la _unidad de los gallegos en la fidelidad a su país y en la fe en sí mismos. A cuyo objeto suene cantarse levantados; a cuyo objeto corona los actos significativos, y a cuyo objeto es capaz de conxuntar la tantos corazones.